Rescatar a la UAN de los saqueadores.- Por Ernesto Acero C.

Asalto al patrimonio de los nayaritas

Rescatar a la UAN

de los saqueadores

ESCRIBE: ERNESTO ACERO C.

La Universidad Autónoma de Nayarit es cuna de profesionales distinguidos y espacio de realización del talento de excelentes profesores. Ahí han dado cátedra personas como las queridas y distinguidas Maestras Lourdes Yerena, Irina Cervantes, Emma Lorena Sifuentes, así como los Maestros Miguel Madero, Felipe Álvarez, Antonio Simancas, Juan Manuel Ibarra, José Manuel Sánchez o Roberto González Bernal. Hay una lista enorme (pero finita) de catedráticos que han sacrificado (y sacrifican) parte de su vida en las aulas de la UAN.

La defensa de la universidad pública no significa que se deba hacer defensa de los pandilleros que la han saqueado. No procede la defensa de camarillas que se han privilegiado en lo personal a costa de la institución. La UAN es una institución en la que los alumnos han sido también profesores, en donde la endogamia es el sello de la casa.

Como en cualquier otra cosa, en la UAN se han reunido valores y antivalores. En la UAN se han recreado también figuras que la han atacado saqueándola. Quienes somos universitarios y defensores de la educación pública, no podemos defender a ciegas, a diestra y siniestra, a los que le han dado parte de su vida y a quienes le han hecho grave daño a la universidad nayarita. Eso sería injusto.

Necesaria digresión por el tema central: ha sido detenido el líder del sindicato de trabajadores de la universidad. No procede hacer leña del árbol caído, pero tampoco procede la beatificación de los procesados por el saqueo a la UAN. Por eso, lo que procede es dejar que las autoridades realicen su trabajo y que definan los alcances de las respectivas responsabilidades. Los posicionamientos que en lo personal se definan al respecto, solamente dejan entrever la vastedad de una red de corrupción y de complicidades que van más allá de la Ciudad de la Cultura.

Hacer apología de quienes han saqueado a la UAN, atacan las bases mismas de la existencia de la universidad. Es un secreto a voces que la institución pública ha quedado amarrada a una lógica gangsteril, privatizadora y partidizada. No una privatización como la que vimos durante el sexenio salinista, sino una privatización por la ruta de la endogamia. No una politización de la universidad, sino una criticable partidización de nuevo cuño.

Aquellos esfuerzos realizados por el querido Maestro Germán Rodríguez, durante su periodo al frente de la rectoría, con el tiempo se fueron diluyendo en la nada. De pronto vimos como algunas personas se beneficiaban no solamente con la asignación de plazas laborales, sino con los mismísimos espacios educativos en las aulas de la universidad.

La endogamia se convirtió en el motor de un proceso de apropiación de la universidad, que tuvo alcances inconcebibles. Algunos de sus alumnos concibieron el mundo del tamaño de la Ciudad de la Cultura, pues salieron de las aulas para continuar en esas mismas aulas. Primero como alumnos, luego como profesores y finalmente como propietarios. Algunos combinaron hilarante y sabiamente el papel de alumno y profesor; alumnos por la mañana y por la tarde, “catedráticos”. Esa práctica se llevó a extremos tan hilarantes como escandalosos.

Hace algunos años, vislumbrando el quincuagésimo aniversario de la fundación de la UAN, universitarios en serio, convencidos defensores de la educación y de la universidad pública, propusieron una frase para celebrar su existencia: “La Universidad, Patrimonio de Todos los Nayaritas”. Esa era en realidad una frase provocadora que a la vez pretendía ser un llamado para dejar en claro que la universidad estaba en proceso de privatización a manos de sus propios “adalides”.

Los defensores del saqueo, son los defensores de sus privilegios. Por eso tanta furia, amenaza y ruido: “Al ladrón, al ladrón, grita el ladrón”.

Hace casi una década, un distinguido profesor universitario, hacía la siguiente reflexión: “Luchamos para que la universidad fuera una institución científica, democrática y popular. Hoy veo con nostalgia y frustración y coraje, que no es científica sino escolástica y adoradora de los títulos doctorales; veo que tampoco es democrática, porque ahí se asignan dirigencias y cargos, de manera autoritaria y vertical: y finalmente tampoco es popular porque las recomendaciones proliferan y ahora, entrar a la universidad, resulta un privilegio que una familia de campesinos o de obreros, no puede sufragar”. Los comunistas que promovieron la realización de una universidad democrática, científica y popular, ahora lloran ante su sensible y temprano fallecimiento. La tumba en la que yace la universidad, tiene el siguiente epitafio: “SE LA ACABARÓN”.

Lo que mal empieza mal acaba. Ese es el caso de la Universidad.

La creación de la Ciudad de la Cultura se pensó más como un acto para pasar a la historia y salvar un mal periodo gubernamental, que para fines estrictamente educativos. Se le asignaron terrenos frente al penal de Tepic, que había empezado a construirse durante el mandato de Francisco García Montero y cuyas obras se concluyeron en el sexenio de Julián Gascón. No solamente ya existía ese penal, sino que menos de dos años después de “inaugurado” el cetro penitenciario, se registra una de las fugas más espectaculares que se conocen en México, la de Ruperto Beltrán Monzón.

Se crea la Universidad y durante más de tres décadas careció de un fondo para costear el pasivo contingente que era de esperarse. Más curioso: en los diez primeros años de su existencia, empezaron a aprobarse jubilaciones. Es fecha que la universidad carece de escrituras de los terrenos en los que está asentada e incluso invadió terrenos para construir otras instalaciones.

El rector anterior al actual, ahora milagrosamente convertido en ojo de hormiga a pesar de su notoria humanidad, sostuvo en su quinto y último informe (o parte de novedades), que la Universidad carecía de recursos para cumplir con sus obligaciones salariales. Reconoció que el fondo de pensiones había sido fatalmente atacado y que de fondo ya no había ni un peso. Aun así, sabiendo que no podía ni con lo que tenía, anunció la creación de nuevas carreras profesionales y la contratación de más personal. No sabe uno si reír de tanto llorar, o llorar de tanto reír.

La mayoría de quienes integran la comunidad universitaria ha sido asaltada por sus propios directivos y una insaciable camarilla. La mayoría de los universitarios han aportado a la educación pública, a la universidad pública y ellos han sido traicionados. Las camarillas que han saqueado a la universidad, ahora se muestran como fieras en defensa de los restos de su presa.

La Universidad Autónoma de Nayarit sin duda alguna es el mayor y más importante patrimonio de todos los nayaritas. Patrimonio ultrajado por pandilleros, pero patrimonio. Es necesario actuar para que nuestra Universidad regrese a manos de la sociedad nayarita. Tanto el gobierno federal como el gobierno del estado, tienen en sus manos el destino de nuestra institución educativa de mayor importancia.

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