Con precaución – Una tragedia imborrable para los tapatíos.

CON PRECAUCIÓN

Por Sergio Mejía Cano

Una tragedia imborrable para los tapatíos

 

Este miércoles 22 de abril se cumplieron 28 años de la gran tragedia que ocasionaron las explosiones en una parte del sector Reforma de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y que precisamente también cayó en el mismo día. Lamentable suceso que enlutó a los tapatíos y que dejó infinidad de afectados que aún hoy en día siguen pidiendo y exigiendo al gobierno en turno atención médica vitalicia, ayuda para vivienda e indemnizaciones prometidas desde un principio pero que no han consolidado tal vez por falta de voluntad o tal vez porque los gobiernos posteriores a la desdicha sufrida por los damnificados, habrán pensado que no les corresponde por ser cosa del pasado y a cargo de otros gobiernos estatales y municipales.

Cada año que pasa como que se quisiera ir desapareciendo de la mente de otros sectores de la población tapatía este hecho desastroso; sin embargo, obviamente que para los afectados que, muchos de ellos ya desaparecieron de esta vida, aún persisten sus familiares y desde luego también varias personas que sufrieron daños tanto en su físico como en sus viviendas y negocios que esperan algún tipo de justicia por los deterioros sufridos.

Pero si bien se dice que todavía hay damnificados de los temblores de 1985 en el entonces Distrito Federal, no es de extrañar que también los haya entre los afectados de 1992, a los que tal vez se les agregaron los de los terremotos e inundaciones de 2017 en el sureste del país y de la hoy Ciudad de México. Y tal y como se ven las cosas, es probable que sigan esperando un tiempo más, porque no se ve que les pongan la atención debida, tal y como ocurrió este miércoles 22 en que no hubo celebración luctuosa conmemorativa debido a la contingencia del covid-19 y por lo represivo que ha resultado el actual gobierno jalisciense que, por este motivo de la contingencia impide todo tipo de congregaciones.

Por supuesto que las especulaciones respecto a las causas de las explosiones no se hicieron esperar desde el mismo instante de ocurridas, ya que primeramente se señaló a una fabrica aceitera como culpable aparentemente por haber vertido algunas substancias nocivas a las coladeras; posteriormente se descartó a dicha aceitera quedando toda la culpa en forma oficial a una planta de PEMEX situada en las inmediaciones de la colonia La Nogalera, por la avenida 18 de Marzo, sita en una parte al sur del sector Reforma, porque según se afirmó, por haber tuberías averiadas que transportaban gasolina, esta se fue al drenaje deteniéndose en una especie de sifón que se había hecho en el cruce de la Calzada Independencia con la avenida Juárez-Javier Mina en plena zona del mercado Libertad, también conocido como de San Juan de Dios, por las obras de la línea 2 del tren ligero cuyo paso quedó por debajo del colector que, hasta principios del siglo XX había sido el río de San Juan de Dios. Y desde luego que no quedó descartada también como probable responsable la casa de máquinas de la otrora orgullosa ruta de la costa occidental, el Ferrocarril del Pacífico, que se encontraba en la esquina de las avenidas Enrique Díaz de León (antes Tolsá) y Circunvalación Agustín Yáñez, que si bien no estaban relativamente cercanas al lugar de la tragedia, cuando se revisaron las tuberías del entorno sí se encontraron aguas contaminadas con aceite y diesel y desde luego otras substancias tóxicas que por ningún motivo deben de estar en un drenaje. Pero al parecer esto quedó descartado como factor determinante.

Algunos analistas en su momento y que dieron por hecho que el sifón tuvo mucho qué ver en las explosiones, añadieron que pudo no haber sido tanto la gasolina en sí, porque la gasolina, así sean sus gases los que exploten, al mismo tiempo podrían encender el líquido de la misma si es que existiera, y en la zona siniestrada no se vieron nunca rastros de algún tipo de incendio; así que dedujeron que más bien había sido el gas metano generado por el excremento humano que se acumuló precisamente en ese sifón, que por cierto aun hoy en día no ha dejado de apestar fuertemente a drenaje, tal y como olía hasta antes de las explosiones. Y si bien el aroma que desprendían las alcantarillas antes de explotar se pudo haber confundido con el de la gasolina, fue más bien la caca que corre por lo que antes fue el río San Juan de Dios que se convirtió en el colector mayor de la Perla Tapatía y que descarga sus aguas negras en la Barranca de Huentitán cayendo a las aguas del río Santiago y que llega hasta Nayarit.

Sea pues. Vale.

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