Con precaución – Un fuero político mal aplicado.

CON PRECAUCIÓN

Por Sergio Mejía Cano

Un fuero político mal aplicado

 

Hay algo que no caza en absoluto con el dichoso fuero político, pues se entiende e históricamente se ha documentado, que este se estableció para que en lo sucesivo no ocurriera otro asesinato como el del senador chiapaneco Belisario Domínguez que, por lo que dijo en tribuna en contra del asesinato de Francisco I. Madero y el vicepresidente José María Pino Suárez, acusando del mismo al golpista Victoriano Huerta, a quien no le gustó nada de nada lo dicho por el senador, por lo que ahora se tiene plena conciencia de que sí tuvo algo que ver Victoriano Huerta con el asesinato del senador por Chiapas.

De ahí se desprende que el constituyente de 1916-1917 haya establecido claramente que los senadores y diputados no podrían ser sancionados ni amonestados en forma alguna por lo que dijeran o hicieran en tribuna, ¡en tribuna! Y no en cualquier otro lugar, porque posteriormente, a su modo y favor, los legisladores subsecuentes le dieron un giro por demás grotesco a este fuero que ahora los ha vuelto prácticamente impunes, generando así la percepción de que en realidad sí existen en nuestro país ciudadanos de primera y de segunda, tercer y demás clases subsecuentes, de acuerdo al estatus económico de cada ciudadano; pues ha quedado claro y ha sido evidente a lo largo de nuestra historia contemporánea, que el poderoso caballero sigue siendo don dinero, y para más evidencia, lo que ha ocurrido recientemente con Emilio Lozoya Austin, y desde luego el caso más sonado con Alonso Ancira quien, con tan solo comprometerse a devolver lo robado, sale libre de la cárcel y hasta riéndose. Y así se podrían nombrar casos y casos de gente pudiente que con la mano en la cintura cometen fechoría y media y su estatus económico los convierte en casi impunes y libres de toda culpa.

Lo curioso del caso es que no sucede nada parecido con el robo que cometa un hambriento que se lleva un pan sin pagar para darle algo a las tripas de sus retoños y pasa años y años en el bote como si hubiera cometido uno de los peores crímenes.

Así que lo que no caza en absoluto, es que hoy en día se informe sobre algún hecho delictuoso o criminal que cometa un legislador de cualquiera de ambas Cámaras, y que no se le pueda tocar porque tiene fuero.

He ahí ahora el caso del diputado federal de Morena, Saúl Huerta Corona, acusado de haber violado a un menor de edad, y que a pesar de que ya ha recibido otra segunda acusación por otra violación a otro menor, por lo pronto nada más se le va a quitar de la bancada de su partido político y, supuestamente se pedirá su desafuero para poder ser procesado.

Si se supone que el fuero originalmente se estableció como protección para los legisladores para lo que dijeran o hicieran en tribuna, y se entiende que dentro del Palacio Legislativo o en cualquiera de las Cámaras respectivamente, y no para lo que hagan o cometan fuera de su jurisdicción como representantes populares. Así que si un senador o diputado atropella a una persona con su vehículo, si golpea o balacea a alguien o si simplemente se orina en la calle, pues a calentar cemento desde luego, porque debe entenderse que el fuero no es para convertirlos en ciudadanos especiales, sino en los que deben ser primeramente reconvenidos si cometen alguna fechoría o delito de cualquier índole por menor que sea este.

No se puede permitir que algunos legisladores anden en la calle mirando por encima del hombro a sus supuestos representados, sintiéndose el non plus ultra. Alguien los debería de poner en su lugar y que no se sientan tan prepotentes como se ha documentado que hasta han demorado vuelos o si los han perdido, insultan a los trabajadores de las aerolíneas por un error de retraso del que ninguna culpa tienen los trabajadores de las aerolíneas. O como aquél diputado Local de San Luis Potosí que, en evidente estado etílico, les dice a los policías que lo interceptan que “ahí él es la autoridad”; obviamente que en un caso así es debido a la falta de capacitación de los elementos policíacos, porque un legislador, ya sea local o federal no es ninguna autoridad en lo absoluto, sino un servidor público, un representante popular y nada más.

El problema es que, precisamente ese fuero político los tiene en un falso pedestal que los hace creer impunes y por encima por los demás ciudadanos, siendo que a todas luces no es así, sino que deben estar al servicio del ciudadano y no para que el ciudadano los sirva a ellos y hasta hincándose a su paso, que es lo único que falta.

Sea pues. Vale.

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