Con precaución – Quieres enemigos, presta dinero.

CON PRECAUCIÓN

Por Sergio Mejía Cano

Quieres enemigos, presta dinero

Hay frases acuñadas desde hace muchos años que, en sí son muy ciertas en lo que dicen, como por ejemplo la de “quieres enemigos, presta dinero” o “ si quieres que alguien te deje de hablar, préstale dinero”. Obviamente que los préstamos monetarios han sido causa de infinidad de conflictos entre las personas involucradas en algún tipo de préstamo. Claro que es muy cómodo pedir y recibir; sin embargo, el problema viene después al tener que cubrir y responder por lo que se recibió en préstamo.

Si bien desde siempre ha habido gente con problemas por no poder pagar un préstamo económico, hoy en día, como si fuera una maldición, ha crecido el número de deudores, sobre todo en las financieras que, por lo que se ve y se ha documentado, infinidad de personas se han convertido en deudores eternos, sin poder salir de una deuda que pudo haber comenzado con un préstamo de 2 mil pesos, y que ya han pagado en abonos el doble  o más de esa cantidad y aún la deuda persiste, sin que se le permita cubrir el saldo al deudor, en caso de que llegara a reunir la cantidad para cubrir ese préstamo que, podría ser eterno.

Debido a la crisis económica que padece nuestro país y, que se ha agrandado en los últimos años y más, por los estragos generados por la pandemia, no nada más en cuestión de Salud, sino hasta en problemas financieros en gran parte de la población debido a la pérdida de empleos tanto formales como informales, y que aún mucha gente no ha podido salir de este terrible bache y, por lo que se ve y se siente, no se ve para cuándo vaya a terminar. Así que por esta situación, muchas personas han tenido que recurrir a endeudarse de diversas formas, ya sea endrogándose con familiares, así como en casas de empeño y préstamo, tiendas departamentales, bancos, prestamistas particulares y, desde luego, en las terribles financieras.

Y volviendo al caso de que prestar dinero es crear enemigos, esto es muy cierto y más cuando el prestamista insiste que le pague el deudor.

Allá a finales de los años 80 del siglo pasado, en el ambiente ferroviario se conoció una anécdota en que, debido a un préstamo de dinero, se perdió una vida, ¿de quién?, pues precisamente del prestamista.

Resulta que señor le pidió prestados 5 mil pesos a uno de sus compañeros de trabajo; pero pasaba el tiempo y el deudor ni siquiera le abonaba nada al prestamista. Hasta que llegó el día en que encontraeon en su centro de trabajo y, obviamente que el prestamista le pidió aunque fuera un pequeño adelanto o abono, a lo que ya exasperado el deudor por la insistencia del cobro, le dijo al prestamista que ya lo tenía hasta el gorro y que por la tarde pasara a su casa para darle aunque sea 3. Así que se pusieron de acuerdo de que a eso de las 18:00 horas el prestamista se presentaría en casa del deudor, para que le diera cuando menos tres.

Llegó la hora, y el prestamista muy puntual tocó la puerta del que le debía dinero, y salió este diciéndole: ah, eres tú, ¿cuánto te dije que te iba a dar? -Tres- respondió el prestamista. -Aquí espérame, ahorita salgo.- Dijo el deudor, saliendo de su casa poco después portando una pistola, diciéndole al prestamista: -Así que te dije que te iba a dar tres, ¿verdad? Pues ahí te van. -Y le disparó tres balazos, dejándolo con los brazos en cruz, mirando al cielo. El prestamista perdió la vida, y el deudor desbarató su vida y su familia al tener que huir, abandonando todo y sin que se volvieron a saber nada de su existencia. Y todo por 5 mil pesos.

Y a propósito del ambiente ferroviario, entre los mismos trabajadores del ferrocarril, hubo varios trabajadores que se dedicaron a prestar dinero, a los que a muchos de ellos los dejaron chillando en la loma, cuando se corrió la voz de que, al no estar registrados ante Hacienda y no pagar impuestos, los deudores amenazaban a los prestamistas con denunciarlos, y así muchos de los deudores la libraban y no les pagaban nada a los prestamistas, por lo que muchos de ellos mejor dejaron esa práctica.

Cierta vez, al ir trabajando en un tren de carga rumbo al sur, el maquinista iba presumiendo que traía más de 30 mil pesos rodando en préstamos y, al llegar a la estación  de Valle Verde, en Tetitlán-Acatique, Nayarir, ahí estaba otro tren esperando nuestra llegada, para seguir al norte, cuya tripulación estaba afuera del edificio de la estación, entonces el maquinista avisa que se va a detener porque ahí estaba uno que le debía y no le había abonado nada. Pero lo único que sacó el maquinista al ir a cobrarle al que le debía, fue la amenaza de que sí seguía insistiendo, le iban a partir su mandarina en gajos.

Sea pues. Vale.

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