Con precaución – Promesas, promesas y más promesas.

CON PRECAUCIÓN

Por Sergio Mejía Cano

Promesas, promesas y más promesas

 

Para la mayoría de los que ya tenemos años cascareando en la canica (Gabriel Vargas dixit), las promesas de campaña en realidad ya no significan nada en lo absoluto, pues sabemos de antemano que no pasan de ser eso: promesas que, pocas veces o nunca se cumplen. Sin embargo para las nuevas generaciones podrían significar algún tipo de esperanza; y no nada más para las nuevas generaciones, porque existen personas de la tercera edad que aún creen en los Santos Reyes.

Se entiende que todo lo que pregonan los candidatos (ambos sexos) a puestos de elección popular, están bien estudiadas las propuestas, algo que signifique que le va a llegar a la gente en lo más profundo de su pensamiento; aunque para algunos de los electores nada más les den risa esas promesas, pero desde luego que para otra gente significará que ahora sí, ha llegado el momento del cambio; y este cambio, obviamente que será más bien para quien resulte triunfador y no para la población en sí

De nueva cuenta se oyen las voces de que se fortalecerá el estado, que lucharán por mejoras sociales, que reanimarán el campo, la pesca, la agricultura, de que esto y aquello ¿y? Pasan sexenios y trienios y todo sigue igual o peor; debido a aquella frase tan contundente de “prometer no empobrece, dar es lo que aniquila”; de ahí que ahora en tiempos de campaña, como en otras tantas del pasado, los candidatos anden hasta abrazando personas de la tercera edad mostrando una ternura que quizás están muy lejos de sentir, esperando que al final del día se pudieran desinfectar de ese baño de pueblo; y más, ahora en tiempos de pandemia en que se sugiere la sana distancia, pero que aun así, con tal de caer bien y cumplir con las expectativas de acarrear votantes a su causa, a algunos candidatos no les importa arriesgarse con la cercanía hacia la gente que acude o la llevan a sus actos de campaña política.

En 1970 fue cuando comencé a tomar conciencia de las promesas de los políticos, cuando en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, oí a personas mayores tanto de la familia como amigos y conocidos, decir que con el candidato priista a la gubernatura del estado de Jalisco, Alberto Orozco Romero (1971-1977), ahora sí le iba a ir bien a la entidad y desde luego a la Perla Tapatía. Y tomé conciencia de todo esto, porque al año siguiente ya obtendría un servidor su cartilla para votar (porque en ese entonces no había credencial, sino que era un papel como de un cuarto de papel tamaño oficio). Sin embargo, pasó el sexenio de Alberto Orozco Romero y, en realidad no se vio un claro giro en nada; se podría decir que pasó igual que habían pasado otros y siguen pasando los sexenios y trienios. Así que aquellos adultos que oí en 1970 que ahora sí con ese candidato les iba a ir mejor, se quedaron esperando y como el chinito: nomás milando.

En cuanto a las promesas de algunos de los candidatos en campaña, se deberían de documentar un poco mejor o hacerse un examen de conciencia y  oírse a sí mismos de lo que están prometiendo.

Cuando la actual administración federal anunció que se les quitaría el presupuesto a las estancias infantiles y a otras asistencias sociales, así como la desaparición del Seguro Popular, porque este no era popular ni seguro, hubo quienes se rasgaron las vestiduras criticando esta medida; sin embargo, con el tiempo se aclaró el porqué, que a quienes se estaba eliminando en realidad era a los intermediarios que entregaban cuentas mochas del presupuesto que se les otorgaba, y que las estancia infantiles y demás programas sociales no desaparecerían en sí, porque se les daría el dinero directamente a los beneficiarios sin la necesidad ya, de intermediarios que jineteaban el presupuesto a su libre albedrío. Y en cuanto al Seguro Popular, se eliminó porque si bien se dice que más vale tenerlo y no necesitarlo, en este caso se demostró que no servía para prácticamente nada. Y quien protestaba por la eliminación de estos presupuestos, era porque estaban perdiendo entradas de dinero que no les correspondían en modo alguno.

Así que si ahora algún candidato promueve que vuelva el esquema anterior en donde tendrían que haber intermediarios, pues obviamente que lucha por las antiguas prebendas anómalas.

Y al parecer, en cuanto al Seguro Popular, los asesores de la candidata que trata de engañar a quien la escucha de que pugnará por el regreso de dicho Seguro Popular, le deberían de informar que es una decisión federal en donde ya no hay nada qué hacer: lo hecho, hecho está.

Sea pues. Vale.

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