CON PRECAUCIÓN – Habría que acrecentar el fomento a la lectura.

Por Sergio Mejía Cano

México está considerado como uno de los países en donde sus habitantes menos libros leen, en donde se fomenta muy poco la lectura. Entre los factores que inciden en esto, se dice que es la falta de interés de algunos padres de familia, el precio de los libros poco accesible para la mayor parte de la ciudadanía; pero también de la mayoría de autoridades gubernamentales. Tal vez algunos de los gobernantes, tanto del pasado como del presente, sigan teniendo en mente aquello de que un pueblo inculto es más fácil de gobernar.

En el portal de Internet de meridiano.mx, el pasado 29 de diciembre, aparece un reportaje firmado por Oscar Gil, con el encabezado de “Les borraron la sonrisa a los lectores del Centro Histórico”, en donde se informa que ya va para dos años en que se cerraron los anaqueles de lectura instalados en la Plaza Principal de Tepic, frente e Catedral, debido a la pandemia que nos azota prácticamente a nivel mundial que, desde que comenzó, no nada más se cerraron estos módulos de lectura,  sino que se cerró toda la Plaza impidiendo el acceso de la población, siendo que lo que se necesitaba y se necesita, es la oxigenación de la sangre y que parte de esa oxigenación se adquiere precisamente de la vegetación  que fluye en toda  esa plaza principal y demás jardines y parques; aunque por prevención,  de lo que se trataba era evitar la aglomeración de gente.

Desde luego que, cuando se empezaron a recomendar las restricciones necesarias para evitar posibles contagios, se comenzó a decir que el contagio podría estar en la ropa, en el calzado, en los billetes y, obviamente en todo tipo de papel que pasara de mano en mano; entre otras recome daciones o restricciones, algunas por demás absurdas. Así que posiblemente debido a esto, se cancelaron estos anaqueles que contienen libros de diversos temas y que sí bien, no contaban con gran cantidad de lectores, sí llegaron a tener cierta demanda. Aunque ahora con el tiempo y debido a concienzudo estudios se determinó que el contagio de la pandemia es poco probable en la ropa, en el calzado y mucho menos en el papel; por lo que sí bien, los libros que ofrecían estos módulos de lectura pasan o pasaban de mano en mano, en forma similar a los de una biblioteca, hoy en día se sabe, porque ya se comprobó, que el papel no es agente conductor para transmitir el covid-19. Por lo que esos anaqueles que ya van para dos años que se les puso candado, deben de abrirse de inmediato; y no nada más abrirse, sino darles la promoción debida y tratar de fomentar la lectura de libros entre la población.

Si bien hay un dicho de origen chino que se atribuye a Confucio, que reza: “Es bueno leer mucho; pero no muchos libros”, es triste saber que existen personas de todas las edades que jamás han leído un libro o que nunca han tenido un libro en sus manos; salvo los que utilizaron en la escuela. Sin embargo, y por desgracia, hay gente que no fue ni va a la escuela, y que por lo mismo ni siquiera los libros de texto conocen.

En el mercado de abastos, en la colonia Santa Teresita, en la capital nayarita, hubo una bodega que, cada semana colocaba un letrero con una frase de reflexión y, cierta vez que estaba el secreto que le dice el zorrito a El Principito, de Antoine de Exupéry, que dice: “Recuerda que solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial, es invisible para los ojos”. Un cliente de dicha bodega dijo, señalando la frase que qué era esa tarugada, que cómo se podía ver sin los ojos; como un servidor ya conocía a ese cliente y le tenía cierta confianza, le pregunté que si nunca había leído “El Principito”, respondiendo este cliente que eso ni iba con él, que puro trabajo, trabajo y más trabajo, que a qué horas iba a tener tiempo de leer. Y así por el estilo tanto entre clientes y trabajadores de dicho mercado de abastos que coincidía  en que jamás habían leído un libro y ni cuentos siquiera; aunque no faltó el gracioso que afirmara que cuando menos el “Libro vaquero y Sensacional de traileros”, sí los habían leído.

En el sexenio de Miguel de la Madrid, se trató de fomentar la lectura distribuyendo libros editados por la SEP tal y como lo hace actualmente El Fondo de Cultura Económica; sin embargo, tanto en aquellos años como ahora, existe poca demanda para la adquisición de libros, tal vez no nada más debido a la pandemia, sino a la falta de poder adquisitivo de gran parte de la población. Sin embargo, habrá que seguir insistiendo en que, cada día se acreciente más y más el fomento a la lectura.

Sea pues. Vale.

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